“Nuestras maletas maltrechas estaban apiladas en la acera nuevamente; teníamos mucho por recorrer. Pero no importaba, el camino es la vida”. – Jack Kerouac

La vida es un viaje, un viaje personal que nadie más puede vivir por nosotros. Un viaje que conlleva experimentar diferentes temporadas, algunas que nos sacan las más grandiosas sonrisas y otras que nos llevan a sufrir intensa y dolorosamente. Sin embargo, todas pasan, buenas y malas pasan. La actitud con las que las vivamos es la que las convierte en aprendizajes que nos fortalecen y nos capacitan para nuevos retos. Estos nunca acaban; al contrario, cada vez son mayores, para ayudarnos a estar fuertes, de carácter y de fe, así como de nuestro cuerpo mismo, en ese ascenso constante, porque sí, no todo es camino plano (aunque hay algunos momentos de necesario descanso), la mayoría es cuesta arriba, escalando cimas. De ahí la importancia de aprender a decidir qué cargas llevamos, porque, de hecho, entre más maletas carguemos, más pesado y difícil se nos hará el trayecto. Soltar, soltar, es lo que más nos ayuda a vivir. Y, por más que nos guste la compañía de algunas personas, muchas veces tendremos que decirles adiós y continuar la jornada y, estemos donde estemos y con quien estemos, disfrutar del momento.

¿Dónde llegaremos?

“Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas”. – Henry Miller

La mayoría del tiempo aprendemos a establecer metas, sueños, nos proponemos lograr objetivos. Esto no está mal, es importante tener visión y enfoque para no ir por ahí, sin rumbo alguno, pero exactamente de qué o hacia dónde. Porque no se trata de qué cosas materiales, fama, títulos, logros en general tengamos, sino más bien en quién nos convertimos, qué hemos aprendido, cuánto compartimos y cuánto bien hemos hecho en el camino. Esto es lo que nos da trascendencia, lo que marca el propósito de nuestra existencia, lo que se queda plasmado en el corazón de las personas que hemos servido y amado en el momento en que partamos al más allá.

“No sigas el sendero. Dirígete en cambio a donde no hay sendero y deja una huella”. – Ralph Waldo Emerson

¿Tenemos asegurado un tiempo para disfrutar este viaje?

“¿Amas la vida? Pues si amas la vida no malgastes el tiempo, porque el tiempo es el bien del que está hecha la vida”. – Benjamín Franklin

Muchas veces decimos o hemos escuchado que el tiempo es oro, lo cual es muy equivocado. El tiempo es la materia prima de la vida, es la vida misma. ¿Cuánto tiempo viviremos? El que Dios nos permita, solo Él tiene el verdadero control; sin embargo, cada uno de nosotros somos responsables de cuidar lo que hacemos mientras estamos aquí. Cuidar nuestra salud, todo lo que es más valioso.

Basta con escuchar los testimonios de aquellos que han pasado por donde asusta, que han sufrido en carne propia el dejarse llevar por un mundo que nos sumerge en una competencia sin medida, sin reglas, para reflexionar. Por ejemplo, ¿cuántas veces he escuchado motivaciones que dicen que no debemos dormir siete u ocho horas porque eso significa “perder tiempo para hacer”? ¡Por Dios, qué irresponsabilidad! Hay que ver las historias que cuentan los pacientes cuyos médicos les obligan a dormir ese tiempo para poder así preservar sus vidas un día más. ¿Acaso debemos esperar a ser diagnosticados también con una enfermedad terminal para entender qué es lo más importante? ¿Creemos acaso que a nosotros nunca nos va a pasar?

El mundo nos dice que debemos producir un estatus, una posición “exitosa” y nos abalanzamos hacia ello sin meditar en las consecuencias que nos traerá. ¡Cuidado! Seamos sabios al escoger las acciones que hagamos. Claro que hay que trabajar, claro que se puede uno superar, pero sin sacrificar lo que es esencial.

Valora tu vida, tus dones y talentos, tu capacidad para dejar un legado de bien en esta humanidad. Valora a aquellas personas que permanecen a tu lado a pesar de todo, que te aman incondicionalmente, tengas o no tengas. Agradece a Dios por todo y disfruta plenamente de lo que te da cada nuevo día en el que tienes la virtud de abrir tus ojos y respirar. Ese amanecer, esa brisa fresca, esos rayos del sol, esa lluvia que riega los campos, esos alimentos que puedes comer, esos brazos que te abrazan… todo. ¡Ese es el milagro del vivir de verdad!

¡Vive!

La autora de la columna es:  Katarinna Marín

Promotora de emprendimiento y conferencista de desarrollo humano.

Contacto: katarinna1507@gmail.com

Una persona ordinaria que desea hacer lo extraordinario con la ayuda de todos ustedes. Juntos podemos mejorar esta humanidad, basta con hacer cada uno pequeñas acciones que se conviertan en grandes resultados.