Tuve que descubrir y entender mi propia historia antes de poder escuchar y ayudar a los demás con las suyas. Barack Obama

 

Apropiarse de la verdad de cada uno es difícil, pero se puede lograr. Implica salirse de la zona de confort y desafiarse todas las veces que sea necesario. Una vez que caminas y tus pies empiezan a sentir la aspereza y el frío del suelo deseas regresar inmediatamente a donde estabas. Pero, quienes se atreven a continuar esta travesía en cada paso que dan se empoderan cada vez más y llegan a lugares nunca pensados.

Admito que siempre he sentido miedo. Lamentablemente el significado de éxito tal cual la conocía hasta ese momento, siempre me exigía mostrar una imagen impecable y evadir a como fuera el fracaso.

Después entendí que esa definición no me limitaba ejecutar otras estrategias para sentirme ganadora. Escalar una montaña, caminar en medio del bosque, mojar mis pies en el mar o sentir la brisa en mi rostro sudoroso son maneras en las que me siento bendecida y afortunada, que me permiten conocer lo que es el éxito desde otra perspectiva y en ninguna me veía perfecta.

En mi caso particular, tuve que construir mi identidad que siempre la dejé en manos de lo que los demás esperaban de mí. Ciertamente mi esencia siempre estuvo ahí, hay rasgos que aun conservo de versiones anteriores pero toda versión puede tener actualizaciones. Se puede mejorar.

Cuando recuperé el hábito de escribir como ejercicio catártico y llenar mi vida de aventura que tanto me hacía falta, encendí las partes de mí que estaban dormidas. No sé de qué forma describirlo, pero estuve tanto tiempo pérdida y ahora lo que puedo decir es que me extrañé. Me hice tanta falta.

Encontré las otras versiones varadas en el camino y con tan solo tocar una sola fibra se activaron y me dieron información que me ha sido útil. Muchas veces consideramos que, porque no fuimos suficiente para algo o para alguien perdimos ese tiempo, pero no es así. Laura Pausini en una de sus canciones lo resume en este verso: “El que no arriesga nada, no va al infierno ni va a los altares”

Desde mi perspectiva: toda experiencia siempre es beneficiosa, lo que sucede es que en medio del ojo del huracán no se ve nada, no se entiende y entonces vemos más sencillo lamentarnos un buen rato que continuar caminando. Sí es bueno descansar porque no siempre tendremos la energía suficiente, pero rendirnos no es una alternativa que nos sacará de donde no queremos estar.

Así que después de desafiarme a mí misma me pregunté ¿Ahora qué hago?

La introspección también implica que conectemos con alguien más. Aun si no están en la misma frecuencia que nosotros. Todo es aprendizaje. El Dr. Marshall Rosenberg en su libro de la comunicación no violenta, un camino hacia la felicidad habla de cómo los seres humanos compartimos las mismas necesidades emocionales, pero cuando se trata de satisfacerlas, utilizamos diferentes estrategias y es por lo que se crean conflictos. Así que él propone una manera de abrirnos hacia los momentos o personas que nos retan por así decirlo. Y eso se logra cuando ejercitamos una de las virtudes más hermosas: la empatía.

La empatía es un tema que ha calado profundamente en mi vida. Es un verdadero desafío promoverla, debido a que no estamos acostumbrados a mostrarnos vulnerables por temor a que tomen ventaja sobre nosotros.

Considero que antes de adoptar cualquier etiqueta con la que pretendamos definirnos es importante reconocer nuestra humanidad, abrazarla y a partir de ahí, crear vínculos sanos para vivirla.

Mi intención es servir como puente a quienes se identifican con este propósito para que se animen a compartir su historia. ¿Por qué? Porque todos tenemos algo que decir y como seres humanos necesitamos ser vistos por quien realmente somos, por nuestras verdaderas intenciones, ser escuchados, ser validados y sentirnos acompañados. La empatía tiene esa intención, pero para llegar a ella debemos abrirnos y ese es un reto que solo los valientes se atreven a hacerlo.

Además, de cada experiencia vivida siempre obtenemos algo. De alguna manera las heridas nos recuerdan que vivimos a plenitud. Apreciar la belleza del caos en el que nos encontremos y transformar ese dolor en una extraordinaria historia puede que sea una excelente manera de vivir el proceso de sanación.

Nunca sabes a quien le estás brindando otra perspectiva de la vida que puede ayudarle a resolver un problema, ni tampoco imaginamos a quien podemos impactar tanto como para que se anime a salir de su zona de confort.

Maya Angelou dijo: he aprendido que la gente olvidará lo que dijiste, la gente olvidará lo que hiciste, pero la gente nunca olvidará cómo les hiciste sentir.

La invitación a que se atrevan a compartir su historia en Querido diario https://queridodiario.art.blog/

Autora: Wendy Navarro.